La plancha, un enchufe, las puertas que se cierran con fuerza. Todos los padres tienen experiencia de haber rescatado a su hijo de alguna situación de peligro inminente, porque a partir de que empiezan a andar, los bebés son unos incansables exploradores del mundo que los rodea y tienen cierta atracción por aquello que se les prohíbe.
Si bien es prácticamente imposible asegurarnos que en una casa no haya ni un objeto o situación que pueda ser una amenaza, sí hay muchas cosas que es conveniente conocer y tener en cuenta para reducir los riesgos a la mínima expresión. Según la Asociación Española de Pediatría, los accidentes son la principal causa de muerte en niños y adolescentes. Asimismo, la experiencia indica que los accidentes no ocurren por fatalidad, sino por falta de prevención.
Estadísticas de la AEP señalan que es en la casa y en el parque donde suceden la mayoría de los accidentes y, en segundo lugar, en la calle y en la escuela. Por eso, los padres, aunque sin vivir atemorizados, deben ser responsables y tomar ciertas medidas de prevención que los ayudarán a estar más tranquilos. En ese sentido, los hermanos mayores pueden ayudar a cuidar a los más pequeños y ser, a la vez, una voz que les haga tomar conciencia a los pequeños y ayude a prevenir accidentes.
Según la AEP , para reducir accidentes en el hogar hay que preguntarse: ¿qué accidente le puede ocurrir a mi hijo? y, consecuentemente, ¿qué medidas de seguridad podemos tomar como padres para evitarlo? Lo más importante es adecuar el hogar para que éste sea un ambiente seguro y, a la vez, confortable.
Con la experiencia que dan los años, estos son los consejos de la AEP para bebés:
En la Casa
Conviene no dejarlos solos en sitios altos. Lo mejor es colocar defensas y barandillas en alturas y huecos por donde el bebé pase.
Tampoco conviene cocinar ni encender fuegos mientras tenemos un niño en brazos.
El agua puede ser otra fuente de sorpresas, por lo que no es aconsejable dejarlos ni un segundo sin la mirada atenta de un adulto.
Otro punto importante es evitar que jueguen cerca de motores y maquinarias.
También se recomienda que los elementos punzantes se guarden siempre en cajones altos y, si es posible contrabillas.
Si la casa tiene jardín o patio, nunca dejar a su alcance venenos y cebos en los lugares donde ellos juegan.
También se aconseja nivelar el piso para evitar pozos donde pudieran caerse, así como desniveles que provoquen tropezones y caídas.
Asimismo, hasta que los niños sean un poco más grandes conviene evitar que bolsas de plástico queden a su alcance.
Los animales ofrecen un mundo maravilloso para los pequeños y los acercan a la naturaleza, pero parte de relacionarnos con ellos es enseñarles a tratarlos con respeto y cuidado y a mantenerse alejados cuando comen.
En la Calle
La calle es también un ambiente hostil para un niño de esa edad: los padres deben tener el cuidado de saber que los parques y columpios donde juegan sean lugares limpios y seguros.
No dejarlos solos en ningún momento, ni permitirles cruzar la calle por su cuenta.
Por más pequeños que sean, los especialistas recomiendan que se les hable del cuidado vial así como de aquellas cosas que tienen que ir aprendiendo a evitar.
Hablar en familia y prevenir
Lo más aconsejable es que los padres visiten periódicamente al pediatra para que éste los asesore en cuanto a los comportamientos de los niños en cada etapa madurativa para así adelantarse a los posibles riesgos en casa.
Asimismo, la AEP es categórica en cuanto a cómo el diálogo en familia puede ayudar a la prevención. Si desde muy pequeños hablamos con los niños sobre los peligros que pueden evitarse dentro del hogar, la posibilidad de que crezcan siendo conscientes sin por eso ser miedosos, es mayor. Porque siempre es mejor prevenir que curar, un padre no puede estar todo el tiempo con la mirada puesta en su hijo, pero sí enseñarle a cuidar su vida y la de los demás, creciendo sano y sin miedos.
Las claves de un hogar seguro:
Tomar conciencia de la importancia de la prevención.
Adecuar el hogar para que éste sea un lugar seguro.
Establecer normas claras de seguridad y límites firmes en nuestros hijos para que las cumplan.
Iniciar la prevención para el conocimiento de los peligros y el autocuidado a partir del año de vida.
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