El agua tiene múltiples funciones en el organismo. Además de integrar los tejidos del cuerpo, transporta nutrientes y participa de la digestión, absorción y eliminación de los mismos. Colabora en la regulación de la temperatura corporal y en el equilibrio de las sales.
En los niños, es fundamental controlar que beban suficiente líquido debido a que los más pequeños, al igual que las personas mayores, no pueden controlar la necesidad de beber al no percibir la sensación de sed.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la alimentación exclusiva de pecho durante los primeros seis meses de vida del bebé. La leche materna satisface las necesidades nutricionales e hídricas del bebé y no será necesario darle ningún otro líquido.
Durante el período de lactancia, una adecuada hidratación favorece la producción de leche. Es probable que la madre sienta más sed después de amamantar.
Una correcta hidratación:
• Contribuye al buen funcionamiento de toda las células, mejora las reacciones del organismo y diluye los líquidos corporales.
• Favorece el transporte de nutrientes y sustancias orgánicas en el sistema circulatorio y mantiene la temperatura corporal.
• Permite eliminar toxinas, y previene el estreñimiento. Tu piel también te lo agradecerá
Alimentos: Los alimentos están formados en su mayor parte por agua, especialmente las frutas y verduras.
Bebidas: El agua es la mejor bebida. Evita las bebidas carbonatadas, azucaradas y que contengan colorantes. Las bebidas cola no son adecuadas para los bebés, debido a que contienen cafeína, que es un estimulante muy intenso para el niño, y también está compuesta por fósforos y azúcar, que tampoco son adecuados.
Además del agua, podemos recurrir a los zumos en sus múltiples variedades, a las bebidas refrescantes para mantenernos hidratados. Las bebidas alcohólicas, por el contrario, deshidratan. El alcohol inhibe la función de la hormona antidiurética y hace aumentar la pérdida de líquidos a través de la orina. El organismo absorverá agua de otros órganos para compensar el equilibrio.
Deshidratación
• Perjudica la capacidad de realizar esfuerzos de alta intensidad a corto plazo, así como esfuerzos prolongados.
• Puede producir una aceleración del ritmo cardíaco, apatía, vómitos, debilidad y calambres musculares.
• El cuerpo puede tolerar varias semanas sin comer, únicamente unos pocos días sin beber.
¡Atención!
Los grupos de mayor riesgo de deshidratación son los bebés y niños hasta 12 años, las mujeres embarazadas, las personas mayores y los deportistas. En estos casos, la sed, que nos de la señal de la necesidad de líquido se pierde con la edad y en los niños no está desarrollada lo suficiente.
Niños: los juegos aumentan su sudoración y les hacen perder líquido. Los niños no perciben la sensación de sed como los adultos y son muy vulnerables a la acción del calor.
Embarazo: El agua contribuye a reducir la retención de líquidos y ayuda a prevenir infecciones de vejiga y vías urinarias, el estreñimiento y hemorroides de la madre. El agua es indispensable para transportar nutrientes al bebé a través de la sangre.
Lactancia: la leche materna contiene un 85-90% de agua, por lo que es comprensible que la madre en periodo de lactancia deba ingerir un volumen de líquido suficiente para asegurar la producción de leche diaria. La ingesta de líquidos recomendada se sitúa en torno a los 2-3 litros diarios.
Personas mayores: Las personas mayores presentan una deficiencia alta en los niveles de agua, ya que al envejecer va disminuyendo la proporción de agua del organismo. También presentan una disminución de la percepción de sed, incidencia de enfermedades, consumo de fármacos, cambios ambientales, falta de accesibilidad, que le llevan a una menor ingesta de líquido.
Deportistas: la actividad física en función de su intensidad, duración o condiciones extremas de temperatura o falta de humedad puede suponer una pérdida de agua de 2-5 ml/m.