La presencia del padre como referente de la “norma” o la “ley” debe estar presente siempre en el interior de los hijos. Está comprobado que los padres comprometidos llevan a cabo una contribución única en el bienestar de los niños. Los padres pueden ejercer su influencia de forma que las madres no pueden hacerlo.
Las investigaciones indican que los niños con padres ausentes tienen mayores dificultades para encontrar el equilibrio en la afirmación y la moderación.
No sirve “cualquier padre”. Las vidas de los hijos mejoran enormemente si los padres están emocionalmente presentes y son capaces de ofrecer apoyo y consuelo en el momento de aflicción. De la misma manera pueden verse muy perjudicados por padres que son abusivos, extremadamente críticos, humillantes o emocionalmente fríos.
La influencia del padre, comienza a edad temprana. “Los juegos de hoy son las conversaciones de mañana”.Muchos investigadores creen que los padres ejercen su influencia en los niños fundamentalmente a través del juego. Por eso es necesario que pasen un porcentaje elevado de su tiempo compartiendo actividades lúdicas.
Muchos psicólogos creen que el estilo “áspero” de los juegos ruidosos del padre, abren el camino para ayudarlos a conocer las emociones. Estos juegos suelen hacer experimentar al niño la excitación de sentirse apenas un poco atemorizado; pero al mismo tiempo divertido y entusiasmado. Es muy probable que la madre sufra cuando ve subir a su hijo a un columpio. En cambio, para el padre el momento es fantástico.
El niño aprende a mirar y reaccionar ante las señales del padre para vivir una experiencia positiva. Descubre, por ejemplo, que chillar y proferir risitas entrecortadas hace reír a papá de modo que el juego se prolonga. También observa las indicaciones de papá de que el juego está llegando a su fin, y aprende la forma de recuperarse de la excitación y calmarse nuevamente. Estas aptitudes le resultan muy útiles cuando se aventura en el amplio mundo de sus compañeros de juego. Claro, siempre y cuando el padre no sea un niño más que deja al pequeño totalmente fuera de sí, desencajado y molesto...
En otros casos, los padres que suelen humillar y buscar dificultades en sus hijos, logran que estos presenten mayor tendencia a buscar dificultades. En consecuencia, los niños que suelen demostrar tendencia agresiva con sus amigos, también experimentan mayores problemas escolares.
El inconveniente es que muchos padres no saben cómo ser “ese tipo de padres”, por la simple razón de que sus propios padres no fueron “ese tipo de padres” con ellos.
Actualmente se percibe que el papel del padre está cambiando: se reclama que proporcionen otro nivel de protección, uno que pueda alejar a los hijos de fuerzas destructivas como la de algunos grupos, el abuso de las drogas y la promiscuidad sexual.
La seguridad de los niños proviene de los corazones de sus padres. Se basa en el hecho de que estén presentes con sus hijos, tanto desde el punto de vista emocional, como físico.
Tienen que tomar las medidas necesarias para estar a disposición de sus hijos. Estructurar sus vidas de tal forma que puedan dedicarles más tiempo y atención, un paso que parece sencillo, pero no es fácil.
Dedicar tiempo a sus hijos, puede ser algo especialmente complicado para los padres que viven alejados de ellos y para los que se encuentran muy centrados en su trabajo. La resolución de este conflicto no es algo fácil para un hombre cuya identidad primaria es la del sostén de la familia. Sin embargo, si los hombres no lo hacen, pueden perder contacto a medida que sus hijos crecen y cambian, y les puede costar cada vez más mantener una relación significativa con ellos.
¿Qué padre baña al bebé cada día?, ¿quién le leerá el cuento para ir a dormir?, ¿quién le ayudará a encontrar los calcetines antes de ir al colegio? Aunque estas cosas puedan parecer triviales, se trata de estructuras cotidianas de las que nacen los vínculos emocionales que se traducirán en un futuro basado en la comunicación y la confianza.
Más allá de que los padres permanezcan juntos o no, a los niños les va mejor si tanto el padre como la madre participan en sus vidas. Y aunque la cooperación puede ser complicada cuando los matrimonios por ejemplo se separan, los niños suelen beneficiarse si se considera la educación como una empresa conjunta. La función parental no debe perderse, aunque la conyugal se esté cuestionando.
Es por ello fundamental, que aquellos padres que viven alejados de sus hijos después de una separación, puedan mantener un contacto estrecho. Los padres deberán evitar el síndrome del “papá de Disneylandia” que apunta a convertir el tiempo pasado con los hijos en una fiesta constante. Es bueno mantener contacto telefónico frecuente, conocer amigos y docentes del niño, asistir a funciones, actos y acontecimientos deportivos.
¿Y qué ocurre cuando al padre nunca se lo ha conocido o ha fallecido?. Entonces será muy importante la imagen que la madre transmita de él: el hijo lo conocerá a través de la madre. Y por ello lo deseable será, dentro de la realidad, tomar lo positivo y lo bueno, porque necesita de esas referencias para construir su identidad.
También cabe aclarar que se trata de cubrir la “función paterna”, la presencia de un abuelo o un tío ocuparán muy bien el espacio que ha quedado vacío.
Ser padres es toda una aventura. Se deben formar hijos fuertes, seguros e íntegros.