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Matías tiene 3 años. Iba llorando por la calle agarrado de la mano de su abuela, y se quejaba con verdadera angustia: “¡Me dejaron solo! ¡Me dejaron solo!”. Se refería indudablemente a sus padres ya que, de hecho, no estaba solo. Iba acompañado de su abuela que, muchas veces, se ocupa de él porque sus padres trabajan. Son profesionales y tienen obligaciones laborales fuera de casa, como sucede en la vida de muchos matrimonios en la actualidad.
Muchas madres necesitan salir a trabajar y dejar los hijos al cuidado de alguna persona de confianza. Seguramente no es lo que más quisieran, desearían llevárselos a dónde estén. Es imposible olvidarlos, o no dejar de estar preocupadas por cómo estarán en el colegio, o si seguirá con ese malestar que tenía anoche, o si está sufriendo por algo…
Sin desanimarse (actitud que paraliza para tomar decisiones inteligentes) es importante aclararse qué “se busca con lo que hago, qué busco en mi trabajo, si es realmente necesario, sino se pudiera hacer algún arreglo, si pudiera posponerlo hasta que pasen la primera infancia, etc. Si es el yo que quiere despuntar, si es que mis amigas trabajan todas fuera, si es que quiero ser una madre de “hoy”, si necesito sustento para vivir…”.
Si no es posible un cambio, cada madre debe plantearse una intencionalidad educativa para cada uno de sus hijos y adaptarla a la realidad de horarios que viven ella y sus hijos. No olvidarse de hablar con el padre del niño para fijar las metas de crianza ante la situación inevitable de tener que marcharse del hogar.
El Dr. en Psicología, José Luis Ysern de Arce, explica que “para ser una madre es primordial entregar amor al niño en una actitud tranquila y satisfecha. Si al quedarse en casa lo hace con resentimientos y frustración, que atribuye concretamente a los "sacrificios" que debe hacer por el hijo, la compañía que entrega está hecha sin alegría y no es fuente de seguridad afectiva”.
Es un hecho que para un importante número de mujeres, el de la maternidad es un objetivo que está en primer plano. Pero se trata de una maternidad que ha de ser responsable, y que no tiene porqué ser incompatible con el desarrollo personal, profesional, afectivo y espiritual de la propia mujer.
El riesgo mayor ante el horario laboral intenso es el cansancio y las tensiones, que predisponen a estar de mal humor, irritarse fácilmente, y estar poco dispuesta a compartir el tiempo libre con sus hijos.
Si esto sucede es conveniente plantearse, quizás no el trabajo, pero si la forma de asumirlo, y estudiar la posibilidad de que el trabajo de la casa sea compartido.
Sigue explicando el Dr. Arce que los niños necesitan una madre atenta y preocupada de sus intereses para sentirse felices y valorados. El corto tiempo que se dispone para los hijos debe ser compensado por la "calidad" de él. Pero es bueno no hacerse trampas: un mínimo de tiempo con ellos es esencial.
Pero lo que también habría que pensar y tener en cuenta es qué sienten los propios niños, cómo les afecta ese desprendimiento de sus padres biológicos para quedar en manos de extraños, cómo interpretan el “abandono” desde el punto de vista afectivo.
Quizás es bueno realizar de forma entretenida algunas cosas juntos, como las compras, recoger la ropa, lavar platos. En este compartir, los niños pueden aprender a hacer las cosas de forma autónoma.
El psicólogo citado más arriba aclara que “Si el perfeccionismo no es una virtud, sino un defecto, en las madres que trabajan fuera de casa es especialmente aconsejable "erradicar" la obsesión por un orden o limpieza perfectos. Si no se logra, tal vez toda su energía se agote en el orden, y pierda la capacidad de recibir, sentir y expresar ternura”.
Por otro lado, hay que tener en cuenta el tiempo y con qué sentido lo aprovecho. El Dr. Ysern cita “La vida es breve, el tiempo de exposición a los hijos escaso, y la muerte segura. No conviene vivir el tiempo familiar con rutina, cansancio y aburrimiento. ¿Acaso hay algo más novedoso y apasionante que educar a los hijos, que fortalecerles en lo que valen, que robustecer su propia seguridad, que animarles a sentirse orgullosos de ser como son y de proceder de los padres que tienen?
Por otro lado, es importante considerar que no se puede delegar el amor a un hijo. Es tan personal que no tiene clonación posible. Los fuertes brazos de un padre que sujeta a su hijo contra su pecho no son comparables a la suave caricia de la mano de su madre. Ninguno sustituye al otro, ni son delegables.
Suele ser útil pensar en cómo se hubiera deseado que me trataran mis padres en la infancia, pensar en los gestos y conductas positivas de ellos, o qué les agradezco de la formación recibida y tratar de hacer algo parecido con los hijos.
“Aunque se introduzcan muchos cambios de roles en la vida familiar, la presencia del padre y de la madre en estas relaciones continuará siendo una de las constantes, venturosamente inmodificables, para el bien de los hijos. Los padres cuentan con las disposiciones naturales para ello, pero les recuerdo que precisan tiempo, ese tiempo imprescindible, para esa parte de sus vidas tan necesaria para sus hijos como para su satisfacción personal” Dr. Arce Psicólogo
“No caigas en el error de que sólo se hacen méritos con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos servicios: adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar a una niña. Aquel que critica, es el que destruye; sé tú el que sirve” Gabriela Mistral.
Nota elaborada por Gabriela Gazulla
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