La funcionaria de 43 años, por ser una figura pública, generó dos corrientes de opinión sobre la maternidad, la mujer y el trabajo. Hay quienes están a favor de su decisión y otros en contra. En síntesis, un dilema para que resuelvan aquellos que se interesaran en el tema.
Para poner un marco a la posible discusión, señalemos que Rachida Dati podría haberse ausentado de sus tareas habituales, legal y legítimamente, durante 16 semanas, lo mismo que en España. Si el parto se hubiera producido en Noruega, la licencia por maternidad se prolongaría hasta 52 semanas y en Suecia 96. El período más corto, dentro de la Unión Europea, es el de Portugal: 12 semanas. En Francia, como en España, se puede compartir la baja con el padre del niño. Las seis primeras semanas son para la madre. Las otras diez pueden ser tomadas, indistintamente, por el padre o la madre.
Las 16 semanas de baja maternal son un derecho, no un deber. En otras palabras, la ministra no cometió delito, sino que decidió reducir drásticamente el contacto con su hija y atender los asuntos del Estado. Otra cuestión sería si el presidente, Nicolas Sarkozy, la hubiera obligado. El delito hubiera sido cometido por su jefe. Parece que no fue así, teniendo en cuenta las características de personalidad de Rachida Dati.
A su vez, Dati, además de ser madre, es una figura pública y, como tal, un ejemplo con delicadas connotaciones. La baja por maternidad ha sido un avance de la legislación laboral basado en la necesidad, física y psicológica, del contacto de la madre con el recién nacido, comprobada en infinidad de estudios científicos. La ministra quedaría así enfrentada a dos requerimientos simultáneos, el de su hija y el de Francia. Reemplacemos Francia por empresa y nos encontraremos con otros dilemas similares, experimentados por muchas mujeres en un mundo menos público.
Hay una certeza comprobable, y es que las mujeres no son hombres y viceversa. Forzar al propio cuerpo a realizar tareas y cumplir compromisos a pocos días de haber parido, por parto natural o cesárea, no puede considerarse una hazaña para celebrar. La victimización no es sólo de la madre, sino del bebe. La gestación de un hijo perdura más allá de nueve meses. Esta definición incluye a todas las madres de cualquier condición social y si la ministra tiene la posibilidad de elegir, hay muchas otras que no pueden hacerlo porque su actividad está ligada a su carrera o a sus ingresos. Este es el sentido último de la legislación que las ampara. El ejemplo de la ministra Dati es riesgoso y puede confundir.