Es bueno que cada generación se proponga remover las sedimentaciones culturales anteriores, cuando éstas ya no sirven para responder adecuadamente a los requerimientos presentes. Seguramente, en la distribución de las tareas entre niños y niñas habrá que obrar algunos cambios imaginativos para permitir un mayor equilibrio de vida tanto individual como social. Hoy esto está impedido por la acumulación de tareas de unos y otras, fuera y dentro del hogar.
Actualmente nos encontramos con una vida laboral que absorbe casi todo nuestro tiempo activo y lúcido, y con pocas concesiones para otras actividades. Sin embargo, cada vez más las personas se proponen conseguir un trabajo que les permita conciliar los distintos aspectos de su vida.
En la Harvard Business School, la conciliación entre trabajo, y vida personal y familiar resultó ser la principal preocupación de sus estudiantes, cuando se les preguntaba cómo proyectaban su futuro. Estos datos, que constituyen una verdadera nueva tendencia cultural, son confirmados por la serie de encuestas CISMS de la Universidad de South Florida y el Manchester Institute of Science and Technology (UMIST). Los primeros resultados de esta investigación nos permiten saber que el estrés de trabajadores/as y directivos/as, depende la mayoría de las veces de la tensión originada por el conflicto trabajo/familia: son el horario y la exigencia laboral, los que avanzan sobre la vida familiar; así como es la familia la que apoya, apaña y soporta el siempre creciente compromiso profesional.
Cuando la separación trabajo-familia no es tan tajante, sino que hay una barrera permeable entre estos dos significativos aspectos de la vida personal, entonces la separación entre la esfera de lo público y de lo privado tampoco será tan rígida. Así que los bienes de la vida privada, entre ellos las diferencias entre varones y mujeres, no deben ser relegadas fuera del mundo del trabajo.
Por eso, con la intención de mejorar tanto resultados externos como clima interno, se está extendiendo rápidamente entre las empresas la llamada cultura de la diversidad. Si bien este nombre se le da, sobre todo, a la integración en el lugar de trabajo y en los diferentes puestos de personas de distinto origen étnico o tradición cultural; también alude a una mayor incorporación de mujeres.
Si antes se mezclaban por azar estos elementos, hoy se elige expresamente la integración; ya que se interpreta que la diferencia es una riqueza. Cuando una actividad tiene que realizarse en un escenario cada vez más complejo, resulta beneficioso que los actores tengan puntos de vista, mentalidades y modos de reacción diferentes.
Llegados a este punto del razonamiento, se entiende por qué la cultura de la diversidad se propone también integrar a un mayor número de mujeres: no solamente en los puestos tradicionales, en los que se sabe que tienen un buen desempeño; sino también en puestos jerárquicos y de toma de decisión. Y esto no porque hagan lo mismo que un hombre también haría en su lugar, sino porque van a hacer algo diferente. Se trata de sumar y no de homogenizar, neutralizando —nunca esta palabra ha sido usada más oportunamente— las diferencias, generando un ámbito de confianza, en el que se percibe el aporte de cada uno como valioso.
De ese modo, se irá rediseñando el mundo del trabajo para que no sea el eterno competidor de la vida personal y familiar; sino más bien un aspecto de la vida de la persona. Quizás el aspecto en el que entran en juego sus capacidades más específicas, pero nunca en contradicción con un proyecto integral de realización.
Por María Paola Scarinci de Del bosco
Dra en Filosofía por la Universitá degli Studi “La Sapienza” di Roma y docente de la Escuela de Dirección y Negocios de la Universidad Austral (IAE)