Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad y el sobrepeso han alcanzado caracteres de epidemia a nivel mundial. Más de mil millones de personas tienen sobrepeso y, de ellas, al menos 300 millones son obesas.
Los niños comen muchas chucherías, fiambres, hamburguesas, salchichas, gaseosas y , de esta manera, su peso aumenta notablemente. Algunos padres no pueden
detectar el problema debido a que la mayoría de los niños consume este tipo de alimentos cuando sus padres no están cerca.
Otro problema es la negación que sus padres tienen al afrontar el problema del sobrepeso de sus hijos. Para muchas familias el tener un hijo gordito, mofletudo y lleno de pliegues es una señal de que el niño está bien, fuerte y lleno de salud. Esta distorsión de la imagen de la realidad que afrontan los padres no es una equivocación simple. Implica que el sobrepeso puede avanzar sin que los padres lo perciban; y para cuando se consulta al especialista médico o al nutricionista, puede ser tarde.
“Las madres tienden a creer que los niños necesitan comer mucho para crecer. Que el plato de comida debe ser grande y que tienen que terminarlo. Esto es incorrecto. Los chicos comen lo que necesitan comer”, dijo Valeria Hirschler, pediatra. Y agregó: “Muchas tienen la idea de que un niño gordo es saludable. Lo importante no es que el niño esté gordo o delgado sino que sea sano”.
En la última Jornada Nacional sobre Obesidad y Factores de Riesgo Cardiovascular, realizada en Madrid, España, se diagnosticó la obesidad infantil como una enfermedad emergente. Tanto en Europa como en Estados Unidos, desde los años noventa hasta hoy, la incidencia de la obesidad infantil se ha duplicado
Se debe tener en cuanta las consecuencias que estos malos hábitos alimenticios traen a los niños:
- Problemas con los huesos y articulaciones.
- Dificultades para desarrollar algún deporte u otro ejercicio físico, debido a los problemas de respiración y cansancio.
- Alteraciones en el sueño.
- Hipertensión, colesterol, y enfermedades cardiovasculares.
- Baja autoestima, aislamiento social, discriminación.
Según los expertos, la obesidad cuando se manifiesta en la infancia y persiste en la adolescencia, y no se trata a tiempo, probablemente se arrastrará hasta la edad adulta.