martes, 07 de febrero de 2012
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El cuidado de la salud bucal de los niños


 
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El proceso de dentición primaria se completa entre los dos y los tres años, con la erupción de los segundos molares superiores e inferiores. Ya es momento, entonces, de que los niños aprendan hábitos de higiene bucal. El cepillado, la visita al odontólogo y el cuidado en la alimentación son aspectos esenciales para conservar dientes sanos.

 

Aunque el proceso principal de dentición se produce durante el primer año de vida, la aparición de todos los llamados “dientes de leche” –que son veinte en total – se completa entre los dos y los tres años. Una vez que ya aparecieron los dientes incisivos, caninos, laterales y primeros molares, suelen aparecer los segundos molares, superiores e inferiores. Estos anteceden a los molares definitivos que nacen después de los cinco años. 


Cada niño tiene su propio ritmo de crecimiento, por eso no debes preocupante si a los dos años todavía no surgen estas muelas. La aparición de los diferentes dientes depende del momento en el que cada niño haya cortado sus primeros incisivos. La garganta colorada, la saliva excesiva y la inflamación de la boca son signos de la inminente aparición de los molares.
No hay que esperar a que el niño se haya completado el proceso de dentición primaria para visitar al odontólogo. “Es importante visitar al odontólogo desde el embarazo, ya que la salud bucal de la mamá influirá en la del bebé. Está demostrado que los microorganismos productores de caries, presentes en la boca de la mamá, pueden ser trasmitidos a través de la saliva del bebé, en el momento de la erupción de los primeros dientes”, explica Liliana Levin, odontóloga. “En caso de que la madre no haya hecho la consulta durante el embarazo, es conveniente llevar a los niños luego de la aparición del primer diente”, agrega.


El objetivo de esas primeras visitas es aconsejar a los padres acerca del desarrollo de los dientes de sus hijos, junto con la adquisición de hábitos alimentarios y de higiene oral. “Fundamentalmente, son importantes para empezar a establecer una buena relación entre la familia y el profesional”, concluye la odontóloga.


A los dos años, entonces, ya es oportuno que los niños empiecen a incorporar el hábito de higiene bucal hogareña, a través del cepillado diario y de la elección de los alimentos. La doctora Levin recomienda que los niños adquieran la costumbre de lavarse los dientes dos veces por día, tanto después del desayuno como cuando terminan de cenar, y que no ingieran ningún otro alimento después de la última limpieza del día.


Tres son los consejos clave para la higiene bucal en esta etapa:


1. Elegir un cepillo fino, de pocas cerdas, suave y chico.
2. Usar muy poca pasta de dientes (el tamaño de una lenteja es suficiente) para evitar el exceso de flúor.
3. En caso de que se lastimen las encías, es bueno hacer buches de agua fría o tomar bebidas frescas para facilitar la cicatrización.


En esta etapa, todavía son los padres los que tienen que guiar a sus hijos en el cepillado. “Conviene que lo hagan solos en forma de juego, para que se acostumbren a sostener el cepillo por su cuenta e imiten la técnica, pero el cepillado propiamente dicho deberá ser supervisado por los mayores”, aconseja la odontóloga. “Con Lucía todas las noches tenemos la rutina de llevarla frente al espejo para lavarle los dientes. Inventé una canción especial que acompaña el cepillado. A ella le divierte tanto que quiere lavárselos a toda hora”, comenta Ángeles, mamá de Lucía (3).

 

A partir de los cuatro años, es probable que ya puedan lavarse solos. Es conveniente, sin embargo, que los padres sigan supervisando el cepillado hasta que los niños cumplan siete años. A esa edad, podrán incorporar enjuagues fluorados e hilo dental a la rutina hogareña de prevención de caries.

 

Además de la higiene, es importante tener en cuenta el aspecto nutricional del cuidado de los dientes. La mayoría de los odontólogos sugiere hacer aplicaciones de flúor anuales, que muchas veces se combinan con la toma de suplementos en gotas o pastillas.


Asimismo,  la comida que ingieren los niños también se ve reflejada en su salud bucal. Una dieta equilibrada, que incluya los principales grupos de alimentos, es clave para el mantenimiento de dientes sanos y sin caries. A su vez, también es bueno disminuir el consumo de azúcar entre comidas y recordar que no sólo las golosinas son las peligrosas. Las frutas, los jugos y los yogures también tienen azúcar y favorecen la instalación de caries cuando el consumo es excesivo.
Los especialistas coinciden en que el cuidado de los dientes primarios es indispensable para el desarrollo de una dentición sana permanente. Si a través del juego los niños logran incorporar buenos hábitos de higiene oral, ellos mismos se encargarán de que su dentadura sea saludable y fuerte en los años venideros.

 

 


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Fecha: 20/01/2009
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