"Después de tener a Carlos, sin sentir ningún síntoma llamativo en nueve meses, vino un embarazo que, desde el principio, recuerdo por las molestias: ¡Estaba segura de que se trataría de una niña!", relata Carolina. Son muchas las madres que cuentan que los diferentes embarazos trajeron vivencias distintas asociadas al cambio de sexo, pero también es verdad que madres con dos niños o con dos niñas dicen lo mismo... Entonces, ¿hay diferencias científicamente avaladas sobre la relación entre el sexo y los síntomas de embarazo? Desafortunadamente, no. "Mis dos primeros embarazos, el de Santiago y el de Inés", cuenta Marcela, "fueron muy similares".
¿Qué es lo diferente en el segundo embarazo? Lo mismo que en cada concepción, el bebé que está creciendo es único y puede generar diferentes maneras de vincularse con la placenta de la madre. Una mujer que tuvo síntomas de vómitos y fatigas en un embarazo puede no sentir lo mismo en el siguiente. Sin embargo, hay tendencias hereditarias o genéticas que inciden en los modos de vivir las molestias del embarazo en una mujer, según cómo se predispone el funcionamiento hormonal. Por ejemplo, Marina tuvo en sus cuatro embarazos (de niños y niñas, alternadamente) los mismos síntomas: en todos ellos, padeció náuseas y vómitos hasta casi el quinto mes de embarazo, y al menos en este aspecto no hubo cambios o diferencias.
Por eso, las madres con mucha experiencia coinciden en señalar que cada embarazo es diferente no sólo en lo que se aprecia externamente (por ejemplo, una tripa más redonda o más alargada), o también en los síntomas, sino sobre todo en el modo de vivirlo. Y en esto inciden más factores externos que provocan también cambios internos,por ejemplo, el hecho de que ya haya otro hermanito (o más de uno), la necesidad de agrandar la casa, la posibilidad de un nuevo empleo, los miedos de la madre por si podrá o no seguir trabajando. Las desiciones que se tomen dependerán de cada familia y de las características de la madre embarazada, además de cómo esté viviendo el momento.
Julieta cuenta: "Ojalá me hubieran avisado con el segundo embarazo, que no iba a poder tener esa relación especial, totalmente mágica, que tuve con mi primer hijo. Durante los primeros tiempos del nuevo bebé me sentía totalmente culpable por no poder dedicarme a él con exclusividad, de no tener tiempo para quedarme horas mirándolo, cosa que sí había podido hacer con el primero. Pero esa falta de tiempo siento que se compensó en mi segundo hijo por una mayor tranquilidad y seguridad en mí misma como madre. No tenía tantas dudas, y pude disfrutar muchas otras cosas que con el primero fueron exclusivamente inquietudes o miedos míos como madre inexperta".
El primer hijo fue el único, tenía todo el tiempo de su madre para él. No es raro encontrar que las madres primerizas hicieran con el primero cosas que no repitieron luego, como sacarse fotos de la tripa creciendo mes a mes, o formar un álbum del embarazo, o comprarse revistas sobre maternidad. Esto es muy común, y está dado por la inexperiencia -que hace sentir a la madre que "necesita" que la informen-, o porque tiene mayor tiempo para dedicarle a ese primer bebé. Esto no siempre lo tiene el segundo hijo, quien desde el comienzo deberá compartir a su madre. Por la noche, cansada, no alcanza a dedicarle las caricias o palabras que tuvo con el primogénito; o no compra juguetes especiales para él, porque ya tiene en casa lo necesario. Sin embargo, así como ese embarazo será distinto, también hay que hacerle su propio lugar, y permitir que en su historia personal ese hijo cuente también sus particularidades: un bordado en el moisés; si el primero tuvo su álbum, que no le falte al segundo; alguna ropita de estreno también. Junto con eso, que no son más que detalles, se trata de prodigar un espacio mental en el que la madre se permita pensar y disfrutar únicamente de este nuevo hijo, que es tan único y especial como el anterior. Pero que es diferente.