Aunque lo habitual es que el parto tenga lugar entre la semana 37 y la 41 de gestación, a partir de la semana 37 el bebé se considera nacido en término.
Antes del parto el ginecólogo hace ciertas pruebas para asegurarse de que sea en las mejores condiciones tanto para la madre como para el hijo.
Análisis de sangre
Los últimos análisis suelen hacerse en la semana 33 o la 34. Se evalúan los niveles de hemoglobina y glóbulos rojos y las reservas de hierro, para descartar que la madre padezca anemia o pueda sufrirla tras el parto. También se comprueban los niveles de coagulación de la sangre por si existe riesgo de tener sangrados anormales durante o después del parto. Por último, se repiten los tests de hepatitis B y C, toxoplamosis, SIDA, y enfermedades de transmisión sexual.
Monitorización fetal
Cuando se acerca la fecha prevista del nacimiento, el médico realiza monitorizaciones periódicamente. El cardiógrafo registra el latido cardíaco del bebé mediante unas correas que se sujetan alrededor de la tripa de la madre. También detecta si la madre tiene contracciones y si éstas son solo leves o muy intensas, lo que indicaría que el trabajo de parto puede haber comenzado.
En cualquier caso, si el bebé no ha nacido al entrar en la semana 41, la monitorización se realizará cada 48 horas hasta que el obstetra decida provocar el parto, siempre antes de la semana 42.
En las últimas visitas, el médico lleva acabo una exploración vaginal para evaluar el estado del cuello uterino, por si hubiera empezado a borrarse o si ya existe dilatación y el parto pudiera haber comenzado.
Es una prueba poco utilizada, que suele tener lugar cuando la mujer supera la fecha probable de parto. Sólo puede hacerse si el cuello uterino está algo borrado o ya hay un poco de dilatación. El objetivo es comprobar el color del líquido amniótico. Para ello se introduce en la vagina un instrumento llamado amnioscopio. Si el líquido es verdoso o está turbio, significa que la criatura ha expulsado meconio, lo que podría ser un inicio de pérdida de bienestar fetal, aunque no siempre es así.
En la semana 34 o 35 se toma una muestra de la mucosa vaginal y rectal de la embarazada, para detectar la posible existencia de streptococcus agalactiae, una bacteria que podría contaminar al bebé en el momento del parto y provocarle graves infecciones. Si diera positivo, la madre será tratada con antibióticos durante el parto para evitar que contagie al bebé. Después del parto el bebé recibirá seguimiento especial.