La preeclampsia, es un tipo de hipertensión arterial del embarazo. También es llamada toxemia o hipertensión inducida. Está asociada a elevados niveles de proteína en la orina y puede presentarse después de la semana 20 de la gestación.
Las señales de preeclampsia son las siguientes: presión sanguínea elevada, hinchazón que no desaparece y cantidades elevadas de proteína en su orina. Otros síntomas son los dolores de cabeza fuertes, vómito de sangre, hinchazón excesiva de las manos y de los pies, poca cantidad de orina, latidos del corazón rápidos, vértigo, somnolencia, fiebre, doble visión borrosa, ceguera repentina, dolor en el abdomen.
Debido a que la preeclampsia se refiere a un cuadro clínico o conjunto sintomático, en vez de un factor causal específico, se ha establecido que pueden existir varios motivos del trastorno. Es posible de que exista un componente en la placenta que cause disfunción endotelial en los vasos sanguíneos maternos.
El signo más notorio de la enfermedad es una elevada presión arterial. Esta presión puede llevar a una eclampsia, con daño al endotelio materno, riñones e hígado. La única cura es la inducción del parto o cesárea. Puede permanecer hasta seis semanas después del parto. Es la complicación del embarazo más común y peligrosa, por lo que debe diagnosticarse y tratarse rápidamente, ya que en casos severos se pone en peligro la vida del bebé y de la madre.
Con los cuidados médicos adecuados, la preeclampsia es casi siempre detectada a tiempo y puede ser tratada exitosamente. La primera opción es reducir la presión arterial. Esto se logra guardando reposo en cama y descansando lo máximo posible. También será necesaria una dieta adecuada y ejercicios, para reducir el estrés.
Se recomienda para todos los casos de embarazo contar con consultas regulares al médico, especialmente en los casos de mujeres que ya padecen diabetes gestacional.