Cuando el embarazo llega a su término y el parto es normal, el cuerpo se va preparando y da señales de que el gran momento se acerca. Alrededor de dos meses antes, es común experimentar una sensación de endurecimiento abdominal, las llamadas “contracciones de Braxton Hicks”. Ocurren porque en esa etapa el cuerpo deja de producir la progesterona, hormona que impide que el útero de contraiga. Estas contracciones (que se presentan muy espaciadamente y casi sin dolor) tienen la función de ir preparando el cuello del útero.
Los días previos al parto, ocurre el desprendimiento de tapón mucoso: esa sustancia viscosa que aislaba al útero del exterior e impedía la entrada de cualquier agente infeccioso. El desprendimiento puede presentar unas gotas de sangre.
Finalmente, llegan las famosas contracciones de parto, que en un primer momento se manifiestan con endurecimiento abdominal y molestias en las caderas y la espalda (algunas mujeres lo comparan con el dolor menstrual). Cuando su frecuencia es de 10 minutos y llegan a producirse hasta 18 en una hora, con una dilatación de tres centímetros, ha comenzado el trabajo de parto en su fase latente. Aún no es necesario el ingreso y pequeñas caminatas pueden aliviar los dolores. La fase activa –entre tres y diez centímetros de dilatación– requiere de vigilancia médica. Las contracciones uterinas son regulares, progresivas y cada vez más intensas y cercanas entre sí.
Durante los últimos momentos se produce la ruptura de bolsa, aunque en 1 de cada 10 mujeres ocurre antes (¡señal de partir hacia la clínica!).
Para evitar que la madre se canse innecesariaente, sólo debe empujar con dilatación de 10 centímetros, cabeza del bebé encajada y bajo la supervisión del profesional. La episiotomía es una incisión que se realiza en el periné para aumentar el diámetro del canal de parto e impedir que la cabeza del bebé desgarre los tejidos, aunque no todos los médicos apoyan la tendencia actual de evitarla.
Entre que se inician las contracciones y nace el bebé y se expulsa la placenta, habitualmente pasan alrededor de ocho horas en las primerizas y entre cinco y seis en aquellas que ya han tenido bebés.
Finalmente, cumplidos todos estos procesos, llega el momento de conocer a esa personita tan esperada. ¿Es moreno como el papá o rubio como la mamá? ¿Parecido al hermano mayor o totalmente distinto? De cualquier manera, en los brazos de sus papás, es el más bonito del mundo. Y es cuando comienza la verdadera aventura.