El masaje es útil para mejorar la función circulatoria, recuperar la movilidad restringida entre los tejidos dañados, aliviar o reducir el dolor, y para optimizar la conciencia sensorial. Por otro lado, el masaje proporciona relajación y bienestar, ayudando en la recuperación y el mantenimiento de la salud.
Cuando las contracciones comiencen a ser molestas, se puede aliviar la tensión con un masaje.
Además de mejorar el estado físico y anímico de la mujer, el contacto de la piel de la madre con el padre los hace sentir más unidos, y le permite al padre participar de una forma activa en el nacimiento.
Piernas: los músculos de la cara interna se contraen. Para relajarlos se puede hacer un masaje descendente que disminuye la tensión de la pelvis. Un buen ejercicio es tomar una pelota de tenis y recorrer la parte interna desde la ingle hasta el pie alterando las dos piernas.
Pies: al friccionar las plantas y los dedos de los pies, se relajan los músculos de las piernas y se previenen posibles calambres.
Rostro: en la cara también se recibe mucha tensión. Por eso, al relajar los músculos de la cara se relajará todo el cuerpo.
Abdomen: se debe hacer un masaje circular en el sentido de las agujas del reloj.
Los masajes no tienen un orden, sino que hay que dirigirlos a las zonas donde más dolor sienta la futura madre. Tener en cuenta también que es conveniente cambiar la postura con frecuencia para no comprometer a la circulación sanguínea.
Cuando los masajes se dan en sentido de las agujas del reloj, estos se tonifican si se los da en sentido contrario estos se relajan.
Hay que aprovechar al máximo los beneficios del masaje, debido a que disminuyen el dolor durante las contracciones, reducen la presión del útero y alivian la tensión que se acumula en la parte baja de la espalda