Los niños suelen moverse más que los adultos. Es normal siempre y cuando no disminuya la calidad de sueño, no le ocasione riegos físicos y el movimiento no resulte excesivo.
Algunas posibles razones son:
El niño pasa calor y necesita destaparse.
Presenta un problema de respiración durante el sueño. En caso de que por las mañanas las sábanas amanezcan revueltas en un rincón y el pequeño transpire demasiado (existiendo una temperatura normal en el cuarto), fijémoslos en si ronca o deja de respirar unos segundos para decírselo al pediatra.
Tiene tendencia a moverse demasiado en el día y mantiene la misma propensión por la noche. En ese caso, hay que ayudarlo a controlarse en la vigilia. Ha adquirido costumbres que se manifiestan también durante el sueño (aunque dormido, se le presentan con menor intensidad y frecuencia).
Indicaciones que debes tener en cuenta
- La temperatura debe estar entre 18 y 21 grados
- No usar ropa de cama pesada o ajustada
- Poner barreras protectoras en la cama o acolchonar la cuna, por los golpes
- Evitar las camas literas
Un exceso de transpiración, somnolencia diurna, irritabilidad o cambios de carácter indican mala calidad de sueño. Hay que consultarlo con el especialista.
De manos, pies o ambos. Se producen de forma periódica. Si al día siguiente el pequeño está normal, no es necesario hacer nada (suelen desaparecer solos). En los mayores de cinco años debemos decírselo a su pediatra.
Periódicos, más intensos o frecuentes al inicio del sueño. Se llaman “ritmias del sueño”. En menores de un año son frecuentes y no tienen importancia. Si persisten en niños más grandes o causan cansancio diurno, consulta con el pediatra.
Movimientos bruscos
El niño parece despertarse, pero sigue dormido. Cuando se dan casi siempre a la misma hora no tienen importancia, pero si no tienen horario fijo, conviene consultarlo.
Siempre que notes algún movimiento que parezca extraño o poco habitual, no dudes en consultar con el pediatra de tu hijo.