Aunque está de más decirlo lo que más necesita un bebé para crecer y desarrollar todo su potencial, es amor. Durante el primer año de vida ese bebé, que estuvo nueve meses dentro del vientre de la madre, hará cambios y progresos increíbles como nunca durante el resto de su vida.
Al nacer pasa de un ambiente líquido, tenue y de sonidos tranquilos a un lugar seco, ruidoso y muy iluminado. Además, se ha separado de su madre. Los primeros intercambios con ella y el resto de la familia estarán marcados por mucho contacto físico, mimos, miradas y abrazos. Usará sus cinco sentidos para comunicarse con el mundo y dormirá muchas horas. La madre aprenderá a distinguir los tipos de llanto: por hambre, por estar sucio, por cólicos o simplemente para ejercitar sus pulmones. También descubrirá, que ante la presencia de fiebre o algo que le resulte extraño en su bebé, lo mejor que puede hacer es comunicarse con su pediatra. El le irá enseñando los procedimientos frente a la temperatura y otro tipo de dolencias.
De manera muy veloz el bebé hará grandes transformaciones. En este sentido, la Asociación española de Pediatría brinda algunos parámetros de cómo se desarrolla el bebé.
De esta forma, estipula que:
- Alrededor de los dos meses a dos meses y medio, levanta la cabeza y, es muy común encontrarlo en la cuna en una posición distinta a la que lo habían dejado sus padres. Todavía sus manitas están cerradas. Perfecciona su visión aunque sigue siendo lineal.
- A los tres meses, sus manitas se entreabren y es capaz de llevárselas a la boca. Aparece algo que realmente conmueve a sus padres: la sonrisa. Esta sonrisa es una de las primeras socializaciones y ya no es una expresión de reflejo, o de sensación de placer. Sonríe frente a un rostro familiar, ya sea de su mamá, papá, hermanos o alguien cercano a él. Empieza a balbucear.
- Alrededor de los cuatro meses, descubre sus manitas y se las mira. La boca es su manera de experimentar y explorar el mundo que lo rodea. Aproximadamente a los cinco meses, junta las manos, grita y llama a los otros.
Lo que viene después
- A los seis meses se sienta con ayuda, logra una posición erguida y, si lo ponen frente a un espejo, no se reconoce pero trata de tocar la imagen que se refleja.
- A los ocho, aprende a sentarse solo, se estira para tomar un objeto que está un poco más lejos y puede empezar a gatear. Se da cuenta de la ausencia de su madre y llora si no la ve. Esta es la famosa angustia del octavo mes. En esta etapa es muy bueno jugar a las escondidas. Su madre le tapa la cara o cubre la suya y lo llama. De esta forma, él descubre que su mamá está aunque él no la vea. Puede comenzar a decir sílabas aisladas.
- Alrededor de los nueve meses, perfecciona su gateo y se para tomándose de los muebles o sostenido por un adulto. Puede responder al no de un adulto, inhibiendo la acción.
- Entre los 10 y 11 meses puede empezar a ponerse de pie y soltarse de los sostenes. Le divierte esta situación y si se cae no puede levantarse solo. Acompaña sus acciones con expresiones vocales.
- Alrededor del año, puede empezar a caminar tomándose de los muebles. Si bien algunos caminan, a esa edad no es la forma más frecuente de desplazamiento. Comienza a decir algunas palabras y sus vocalizaciones tienen la intención de comunicar algo.
Cabe aclarar que todas estas evoluciones son relativas, algunos bebés las realizan antes y otros más tarde. Es bueno estimularlos pero sin presionarlos ni apurarlos a que hagan algo porque lo hace el vecinito o para complacer a los padres. Los bebés requieren amor, paciencia, estímulo y, aunque sean pequeños, respeto.