El desarrollo del movimiento se divide en motricidad fina y gruesa. La motricidad gruesa tiene que ver con los cambios de posición del cuerpo y la capacidad de mantener el equilibrio. Por su parte, la motricidad fina se relaciona con la madurez paulatina y la habilidad de los músculos finos del cuerpo: manos, dedos, ojos, lengua, pies.
La dirección que sigue el desarrollo motor es de arriba a abajo; es decir, primero controla la cabeza, luego el tronco. Va apareciendo desde el centro del cuerpo hacia afuera: primero controla los hombros y al final la función de los dedos de la mano.
La motricidad fina
Se define por la capacidad del bebé para responder a incentivos. Es evidente cuando mueve la cabeza hacia los lados, busca un estímulo visual y responde a un sonido.
Desarrollo
A los 3 meses: Se espera que el bebé tenga buen foco visual, pero todavía no está establecida la comunicación entre la mano y el ojo.
A los 4 meses y medio: Se espera que se instale la prensión.
A los 5 meses: Se espera que el bebé pueda tomar un sonajero y agitarlo.
A los 6 meses: Aparece la prensión radial; es decir, separa el pulgar y perfecciona la prensión.
Cómo estimular su motricidad gruesa
Los padres deben tener en cuenta dos aspectos fundamentales en el desarrollo de su bebé Uno es la actividad refleja y el otro es la concepción del cuerpo del niño en el espacio.
De 3 a 6 meses: Cámbiale de posición mientras está acostado.
Acostado boca arriba, ponte a su lado y haz que voltee la cabeza hacia ti. Estimúlalo a que continúe girando, cogiéndole de una mano y una pierna hasta que quede boca abajo.
El contacto a nivel táctil, las caricias y los masajes son lo más importante a la hora de desarrollar destrezas en el pequeño. Tocar las partes de su estructura física, mencionar su nombre y aclarar su función son un estímulo extra asegura la terapeuta.
El gateo hace parte de la motricidad gruesa. Por eso hay que promoverlo a través de estímulos, como muñecos para que el niño los alcance o juegos para que avance sin ayuda de los padres.
Otros incentivos que funcionan son la música, la estimulación visual y la claridad en el lenguaje verbal. Por supuesto, el contacto físico es indispensable porque además de ser un apoyo extra, fomenta la seguridad en los niños y les proporciona tranquilidad para interrelacionarse.
A través del juego puede enseñarle a doblar y estirar las piernas. Ponerlos sobre balones y hacer que flexionen su cuerpo para dé vueltas por el suelo. Esto también incrementa su capacidad motora.
La motivación excesiva no es recomendada por los especialistas, ya que sobrestimula al bebé, volviéndolo hiperactivo. Lo que puede ocasionar que no tolere estar sentado y es un indicio de indisciplina.
El juguete perfecto a esta edad son los móviles. Los recién nacidos distinguen manchas, así que se recomienda que los objetos que manipulen sean de color blanco y negro. Los estímulos no deben ser más pequeños que su mano para evitar que lo introduzca a la boca. Además, la forma y las texturas deben ser variadas para que más adelante interactúe sin miedo con otras cosas y personas.