Los bebés del siglo XXI son tan activos como los de antes pero están expuestos a una gran cantidad de estímulos más: los padres, mejor informados, saben que es bueno hablarle, tocarlo, ponerle música, llevarlo ante un espejo y hacerlo entrar en contacto con otros niños y adultos. No hay que despertar un bebé dormido, pero tampoco hay que tenerlo arropado e inmóvil como nuestros abuelos tuvieron a nuestros padres. Por eso, la familia de hoy es el mejor ámbito para empezar a estimular al bebé. Una madre moderna cuenta con gran ayuda en el mercado para saber qué juguetes, libros o canciones despiertan los sentidos del bebé y en forma más agradable.
Pero también hoy las madres pueden apoyarse en otras personas especialmente formadas para esa tarea: existen, por ejemplo, sitios donde padres y bebés de edades similares conforman grupos de juego para desarrollar habilidades psicomotrices específicas cada vez y progresivamente. Por ejemplo, van fortaleciendo los músculos para el gateo con movimientos especiales de las piernitas del bebé. De esa manera, a la vez que los ejercicios logran despertar una capacidad, el bebé y los padres se conectan mejor, el niño recibe sus caricias y es el centro de su afecto.
“En mi caso”, cuenta Maia, “no sabía qué hacer con Sofía, porque era tan inquieta con sus ojitos que, ya a los 4 meses, parecía aburrirse en casa, creo que se conocía la casa de memoria. Una vez leí que los niños pueden llorar también de aburrimiento y de frustración, y pensé que, tal vez, era el caso de Sofi. Empecé a averiguar, hasta que di con un lugar que me daba mucha confianza, y hoy estoy convencida de que ese pequeño ámbito “escolar” resultó ideal para ella.” Maia encontró un colegio que tiene salas especialmente preparadas para pequeños que no caminan y se ocupan de favorecer la estimulación temprana de los pequeños. Pero sin olvidar que las personas a cargo tienen que brindar muchísimo afecto y seguridad. Si la madre se queda intranquila o si su bebé llora al entrar, debe desconfiarse de si esa es la mejor opción para ellos. Los más pequeños pueden sin duda manifestar el desagrado, por lo que es bueno prestar atención a cualquier síntoma que lo demuestre.
Si se opta por buscar un ámbito de juego o cuidado para el bebé, la madre debe asegurarse de que todo esté bajo las normas de higiene y seguridad que manda la ley. Que el personal sea el suficiente por cantidad de niños, que tenga agua caliente, nevera, desinfección periódica. No es conveniente que el suelo tenga moqueta, pues estas superficies pueden almacenar gérmenes, piojos y hasta restos de comida que los bebés degluten mal, y son difíciles de mantener limpios. Además, hay que confirmar que las personas tengan la formación y experiencia necesaria para la tarea que desempeñan.
Pero aun si estas condiciones se cumplen, no es suficiente: lo fundamental es el cariño con que las maestras o cuidadoras especiales reciben al bebé y lo tratan. Cuando se trata de los hijos pequeños (no en edad escolar), debe estar permitido que los padres acudan o puedan entrar, aunque no sea el “horario fijado” para la salida; si no es así, debe haber buenas razones que lo impidan. De todas maneras, habrá que evaluar las necesidades de la madre y del bebé y las posibilidades económicas antes de tomar la mejor decisión.
Pero en la gama de alternativas para cuando la madre trabaja o necesita salir, pueden sugerirse las siguientes:
Cuidado en casa, con una niñera
La única forma de dejar al bebé y partir tranquila, es estar segura de que está en buenas manos. Muchos expertos dicen que dejar al bebé en casa es la mejor opción, porque el niño queda en un ambiente que le es familiar, no se expone a contagios y no hay que trasladarlo de un lado a otro. Además, tiene la atención plena de una persona para él. Esto, tal vez, sea lo más recomendable los primeros meses; pero tiene desventajas serias si la madre tiene un trabajo poco flexible, porque depende absolutamente de una sola persona, que podría, por ejemplo, ponerse en forma.
Además, una persona que ayude en la casa a cuidar al bebé quizás tenga las mejores condiciones que la madre desea para su hijo, pero puede ser muy costosa. Para buscar la persona ideal para las necesidades de cada madre, lo mejor es empezar a preguntar entre la gente de confianza y tomarse más de un mes para conocer a varias candidatas. Se puede acudir a otras madres que parezcan responsables y cariñosas con sus niños; se puede preguntar en la Parroquia , si la madre asiste; a maestras del colegio o a amigas. En todos los casos, hay que comprobar las referencias reales de quien vaya a quedar a cargo del bebé. En el libro “Todo sobre el primer año de tu hijo, mes a mes”, las autoras incluyen una lista de preguntas que pueden hacerse a las posibles candidatas para evaluar su criterio. “¿Por qué quiere este trabajo?” Parece una pregunta simple, pero es fundamental, porque allí la madre podrá evaluar la vocación, el cariño y la paciencia que pueda tener la persona elegida y que la lleva a cuidar niños en lugar de, por ejemplo, vender algo. “¿Cuál fue su último empleo y por qué lo dejo?”, “¿Cuál cree que es la mejor forma de alimentar a un bebé?” Si responde “el biberón”, ella no será una aliada para una madre que intentará sacarse su leche y congelarla para cuando se ausente... “¿Cómo puede llegar a trabajar en caso de que no haya transportes?”, o “¿Cuánto tiempo piensa hacer este trabajo?”
·Guarderías.
Existen distintas opciones, pues algunas salas están pensadas como reemplazo del cuidado materno, y otras son lugares dedicados de lleno a la estimulación temprana. Para muchos padres, esta última alternativa puede ser un exceso cuando se trata de niños muy pequeños, para los que una estimulación sistematizada no es necesaria, si son bebés sanos. Los psicólogos cognitivos y los que apoyan la inteligencia emocional piensan que no se logra hacer avanzar más a un bebé por enseñarle cosas antes de la edad “normal”, que serán de todos modos igualados en un momento cercano por otros que han recibido, sobre todo, afecto de manera constante por las mismas personas. De todas maneras, sea cual sea la opción preferida, conviene buscar un lugar que esté cerca de donde la madre trabaja (si es que ella será quien lleve y traiga al bebé). Esto puede favorecer la continuidad de la lactancia materna, además de que es bueno estar cerca por si hay que ir a buscarlo con urgencia (si tiene fiebre, por ejemplo). Lo ideal sería que los lugares de trabajo favorezcan la maternidad brindando este servicio allí mismo, algo que es poco frecuente. Pero la ubicación de la guardería respecto a otro factor, que es el de la confianza que es capaz de suscitar en la madre. Esta debe partir alegre de saber que es la mejor elección que hizo dentro de las posibilidades que tenía.
Eisengerg, Murkoff y Hathaway, autoras de “Todo sobre el primer año de tu hijo” , sugieren una lista de ítems para tener en cuenta:
- Reglamentación del local.
- Presencia de personal experimentado y sano.
- Tamaño adecuado, ni enorme ni reducido.
- Separación por edades. No deberían estar juntos los que ya andan con los que no caminan.
- Atmósfera de afecto.
- Espacio estimulante, en sus colores y objetos, aunque no uno que excite a los bebés.
- Posibilidad de participación de los padres, en visitas, reuniones, charlas, etc.
Grupos de juego.
Suelen aceptar bebés a partir de los seis meses y tener una frecuencia de una o dos veces por semana. En estos grupos, la madre asiste con su bebé, y en cada sesión se trabaja una temática de estimulación desde lo musical y también desde lo motriz. Suelen tener una duración de aproximadamente dos horas, y estar coordinados por maestras expertas en primera infancia. Son ideales para aquellas madres que trabajan y quieren compartir un momento de estimulación y afecto con su bebé. Una de las ventajas de este tipo de grupos es que permite que las madres puedan conocer a otras en su misma situación, lo que fomenta la camaradería y las reuniones del bebé con sus pequeños amiguitos.