Una proporción equilibrada de todos los nutrientes necesarios. Las inmunoglobulinas necesarias para desarrollar mecanismos de defensa.
Las primeras formas de comunicación gestual y verbal entre la madre y el hijo.
Estos son, entre muchos otros, algunos de los beneficios que brinda la lactancia materna. En el momento en que la vida humana tiene mayor vulnerabilidad, su adecuada alimentación es crucial y la lactancia materna es la mejor garantía.
Sin embargo, por razones muy variadas algunas mamás tienen que reemplazar la lactancia materna por la artificial. Es una decisión que se toma en conjunto con el pediatra, quien orientará a los padres en la alimentación con biberón, que -contrariamente a lo que se cree- no es algo sencillo.
"Preparar el biberón parece la cosa más fácil del mundo, pero al principio cuesta porque hay que tener muchas cosas en cuenta: el tipo de biberón y de tetina, el tipo de leche y la cantidad, el modo de preparación, la frecuencia, la limpieza e higienización, etcétera. Al cabo de un tiempo se convierte en algo automático, pero es necesario acostumbrarse", relata Marina, mamá primeriza de Sofía.
Encontrar el biberón para cada uno
Hoy en día el mercado rebosa de opciones: biberones anatómicos y tradicionales; pequeños, medianos y grandes; con tetinas de látex o de silicona y de las formas más diversas; modelos especiales para cada edad. Entre este exceso de opciones, el biberón adecuado es aquel con el que el bebé se siente cómodo.
Los biberones MAM son uno de los desarrollos más innovadores de los estudios de Diseño MAM. Proporcionan placer al bebé desde el primer día, porque permiten un flujo ideal y facilitan muchísimo la transición entre mamá y bebé facilitando que los bebés permanezcan calmados y relajados.
La elección del tipo de leche es una decisión que toma normalmente el pediatra. Él indicará cuál darle y en qué cantidades. Una de las opciones más utilizadas es la leche en polvo. Generalmente se empieza con 1 medida cada 30 cc de agua (debe ser mineral o hervida), aunque la determinación exacta de la concentración y cantidad justa dependerá de la recomendación del pediatra. Una misma medida puede empachar a un bebé y dejar con hambre a otro.
La regla de oro: seguridad e higiene
Así como a través del biberón el bebé recibe los nutrientes necesarios para su desarrollo, también puede ser una vía de ingreso de gérmenes y bacterias. Por ello es fundamental velar por la calidad de la leche y esterilizar los biberones.
Un biberón preparado no dura más que 24 horas en la nevera. Fuera de ella, el tiempo de conservación depende de la temperatura de ambiente, pero -salvo que sean una o dos horas- se recomienda prepararlo en el momento. Tampoco es bueno recalentar la leche: si se enfría y no la toma, no sirve más. Con respecto al modo de calentarla, los pediatras tienen opiniones diversas: algunos sostienen que debe ser a baño maría, mientras que otros aceptan que se use directamente el microondas. Lo importante es seguir su criterio con confianza.
Cada biberón debe lavarse con un cepillo especial, con o sin detergente, asegurándose de llegar a todos los bordes para eliminar restos de leche y grasa. Pero además, después de cada uso hay que esterilizar todo, sin importar la edad que tenga el bebé. La opción tradicional es sumergir los biberones y las tetinas en una olla con tapa reservada sólo para ello y dejarlos hervir durante 5-10 minutos, aunque actualmente existen esterilizadores eléctricos o de microondas que facilitan la tarea.
Lo más práctico es ir lavando cada biberón después de usarlo y esterilizarlos todos juntos una vez al día. Por este motivo se recomienda tener aproximadamente la cantidad de ocho biberones.
Todas estas medidas de higiene no tendrán ningún sentido si quien prepara el biberón no se ha lavado las manos previamente.
La última y fundamental recomendación sobre la lactancia artificial es disfrutarla. Es un gran error pensar que el biberón sólo cumple una función alimenticia: cada biberón es una oportunidad de conexión y conocimiento entre la mamá y su bebé.
Como se debe dar el biberón
Se debe poner al bebé en la posición adecuada, ni sentado ni acostado, es decir recostado. El biberón se debe colocar de manera que la tetina este llena de leche y no debemos empeñarnos en que se tome toda la leche. Cuando el bebé rechaza la tetina con la lengua es que ya está satisfecho.
La leche que sobra no se debe volver a utilizar ni recalentar porque puede ocasionarle cólicos y malestar.
Es muy importante que el bebé eructe durante y al final de la toma. Así saldrán los gases ocasionados por una ingesta demasiado rápida o lenta, ya que se llena el estomago de aire y puede provocar que el bebé tenga una sensación errónea de plenitud.
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