martes, 07 de febrero de 2012
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Paseos para el bebé


 
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¿Dónde se puede ir con un recién nacido y qué lugares conviene evitar? Son preguntas a formularse, sobre todo si, además, los padres deben tener en cuenta a los hermanitos. En las vacaciones, este tipo de decisión es fundamental para que el descanso y la diversión lo sean para toda la familia.

 

Cuando hay un bebé en casa, ya no es posible decir, simplemente: “salgamos” y partir con rumbo incierto. Los padres deberán postergar, por un tiempo, las preferencias que solían determinar lugares y horarios elegidos. Los más pequeños son, ahora, los que mandan, ya que sus necesidades no son postergables. ¿Qué hay que tener en cuenta?

 

En primer lugar, que los recién nacidos deben terminar de madurar su sistema inmunológico y por eso los pediatras recuerdan que durante el primer mes no tengan contacto con demasiadas personas; las visitas, por ejemplo, deben lavarse siempre las manos antes de levantarlos, lo mismo la madre y el padre cuando llegan de la calle. Las mismas razones explican por qué el primer mes no es recomendable llevar a los recién nacidos a lugares donde hay mucha gente y los que son cerrados, como centros comerciales, restaurantes o supermercados.

 

Pasado ese tiempo, no hay que dejar de lado esas precauciones; de hecho, una paseo por un centro comercial puede ser muy reconfortante para la madre luego del encierro del posparto, pero no es la mejor opción para el bebé. En el caso de llevarlo a lugares cerrados, hay que tener presente el clima, si hay calefacción o aire acondicionado. “Siempre recuerdo, dice Mariela, una vez que alguien me hizo notar que el calor que yo siento por el hecho de caminar o subir y bajar no lo tiene el bebé, que va inmovilizado en su cochecito; por eso, aunque se dice –con razón- que no hay que abrigarlos más que lo que uno se abrigaría, la comparación no debe olvidar que madre y bebé no estamos en las mismas condiciones de sufrir o no el mismo clima”. Y es muy cierto. Si estuviéramos sentadas tomando un refresco en un lugar con aire acondicionado, tal vez nos pondríamos una chaquetilla. Pues bien, el bebé va sentado recibiendo el aire que le llega sin interponer ninguna actividad que lo haga ejercitar músculos ni entrar en calor. Por eso, llevar abrigo ligero es algo para recordar.

 

Si se trata paseos al aire libre, algo buscado cuando llegan las vacaciones, hay que tener especialmente en cuenta los factores climáticos, incluidos los mosquitos e insectos. Hay que prestar mucha atención a dónde se deja al bebé, evitando hacerlo a nivel del suelo. Las cremas contra insectos no son recomendables para los bebés hasta los seis meses, por lo que puede hacerse necesario mosquitero que cubra el carrito. En este tipo de paseos, hay que tener en cuenta que los niños menores de un año no deben estar expuestos al sol sino quedar en la sombra, y protegidos del reflejo solar con camiseta, un buen gorro (de ala ancha, que cubra el cuello y proyecte sombra sobre su rostro), además de aplicar pantalla solar en crema, con el factor de protección que recomiende el médico.

 

Respecto a la playa, se trata de un lugar casi prohibido para los menores de seis meses, a menos que se cumplan estrictamente las condiciones para el mejor cuidado de su piel. Para ellos, ubicarlos a la sombra no alcanza, ya que el reflejo del sol en la arena o el agua puede bastar para ocasionar un enrojecimiento dañino sobre su piel, algo que se enfatiza con la presencia del viento. Por esto, si la madre y el padre son de los que adoran estar horas en la playa, este no es el mejor destino para ellos cuando hay un bebé, pues todas las precauciones necesarias harán que se vuelva un destino incómodo. Es cierto también que no siempre el aire de mar (o el aire libre) tranquiliza al bebé; esto depende de los pequeños: algunos dormirán más que nunca, pero hay muchos niños a los que el aire los intranquiliza, y les cuesta dormir. Si, a pesar de todo, se decide por la playa como lugar de vacaciones, habrá que organizarse muy bien, yendo temprano al mar y volviendo a media mañana para que el bebé descanse y haga su siesta antes de comer; si el bebé vuelve a la playa, tendrá que ser cuando el sol no sea fuerte (después de las 17 para los mayores de un año, y más tarde todavía para los más pequeños).

 

En las vacaciones, las rutinas cambian y solemos olvidarnos hasta del calendario. Sin embargo, el reloj no puede quedar guardado cuando se trata de vigilar las horas de máxima radiación solar, esto es, entre las 11 y las 16.

También es común que madre y padre quieran hacer en vacaciones una gran cantidad de planes postergados (compras para la casa, paseos, visitas a familiares o amigos olvidados durante el año, etcétera). Esto no justifica dejar las necesidades del bebé en segundo lugar, y cualquier buen amigo podrá comprenderlo. Por eso, los traslados no deben ser excesivos. Es mejor planear pocos lugares y con más tiempo de permanencia en lugar de recorrer grandes distancias o ir y venir todo el tiempo. Los niños pequeños no suelen adaptarse tan fácilmente a ver personas distintas y, sobre todo, a dormir en lugares que les resultan extraños. Si es esa la situación, una buena idea es llevar consigo objetos familiares que el bebé reconozca, incluso por el aroma, como puede ser su almohada y los juguetes que tiene más a su alcance. Además, en vacaciones, hay que ser respetuosos de los horarios del bebé y sus rutinas (siesta, baño, etcétera). A veces son esas modificaciones imperceptibles para el adulto lo que explica los cambios de humor del bebé o sus llantos repetidos.

 

¿Qué llevar para la salida prevista?

 Esto depende si se trata de un paseo por el día o de las vacaciones. En ambos caso, la premisa es ser prácticos, pero ordenados y no olvidar nada indispensable. La madre podría pensar previamente una lista de lo que no debe faltar, haciendo un “recorrido mental” por los horarios del bebé, sus comidas y hábitos (por ejemplo, cuántos pañales utiliza en esas horas).

Si se trata de viajar  varios días, hay que tener en cuenta la temperatura del lugar y los cambios térmicos que pueden darse (si hace más frío por la noche, por ejemplo). Si el lugar es cálido, unas pocas ropas que no se arruguen pueden ser suficientes, ya que se enjuagan y secan en el día.

Si lo que está en cuestión es el medio de transporte, no hay que preocuparse demasiado, ya que todos los medios están permitidos (salvo indicaciones del pediatra). Eso sí, habrá que prever modos de entretener al pequeño en viajes largos, además de la alimentación (sobre todo bebidas). Y, nunca está de más, un botiquín básico, junto con los datos médicos del lugar al que la familia se traslada.

En definitiva, se trata de prever los detalles del viaje elegido para que de esta organización resulte un momento agradable para toda la familia. Y en esto hay que tener muy presentes también las necesidades de otros hermanitos mayores, que no deberían sentir que están postergados por el bebé o que deben “padecer” las prioridades de éstos. Papá y mamá sabrán ingeniarse para mostrar a sus hijos que lo que importa, en definitiva, es que están juntos y dispuestos a disfrutarlo.

 


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Fecha: 03/07/2008
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