Se puede observar en el recién nacido una serie de reacciones llamadas "reflejos primitivos". Estos reflejos son desencadenados por estímulos del ambiente y permiten evaluar su desarrollo. El niño además incorporará nuevos patrones de conducta e información sensorial.
Los reflejos primitivos están formados por:
Reflejo de Babinski: los dedos de los pies se abren hacia afuera en forma de abanico cuando hay roce en la planta del pie. Es una condición por la cual el dedo grande del pie se flexiona hacia la parte superior del pie y los otros dedos se abren en abanico cuando la planta del pie se frota firmemente. Dicho reflejo es normal en niños, pero es anormal después de los 2 años de edad
Reflejo de Moro (reflejo del sobresalto): extiende los brazos y luego los dobla y los empuja hacia el cuerpo, acompañado por un breve llanto. A menudo es desencadenado por sonidos fuertes o movimientos súbitos. El reflejo de moro es un reflejo normal de un bebé cuando es asustado o que siente que está cayendo. La ausencia del reflejo de moro puede indicar la presencia de una lesión o de una enfermedad.
Reflejo prensil palmar: el bebé cierra los dedos y toma el dedo de la madre.
Reflejo postural: la pierna se extiende cuando se estimula la planta del pie.
Reflejo prensil plantar: flexión del dedo del pie y de la parte delantera del pie. Con esta prensión se puede elevar al niño y la articulación del codo persiste levemente flexionada. Si este reflejo perdura durante mucho tiempo impide el apoyo sobre la mano abierta (no hay reacción de equilibrio). Por causas fisiológicas, esta reacción es mayor durante la succión.
Reflejo de búsqueda o de los puntos cardinales: voltea la cabeza en busca del pezón cuando se le toca la mejilla y comienza a chupar cuando el pezón toca los labios.
Reflejo de la marcha: da pasos rápidos cuando ambos pies se colocan sobre una superficie, con el cuerpo sostenido.
Reflejo tónico-asimétrico del cuello: la pierna izquierda se extiende cuando el bebé mira hacia la izquierda, mientras que el brazo y la pierna derecha se flexionan hacia adentro, y viceversa. Estos son los primeros movimientos, son descoordinados y forman parte de la motricidad gruesa.
A partir de sus reflejos, un bebé inicia su proceso motriz grueso. Aunque no puede manejar adecuadamente sus brazos, intenta agarrar objetos con sus manos e introducir por sí mismo el alimento en la boca. Gradualmente, su nivel motor se integrará para desarrollar acciones como el control de la cabeza, giros en la cama, arrodillarse, gatear o ponerse de pie.