Todas las madres hacen masajes espontáneamente al bebé: con los cuidados diarios, durante el baño, mientras lo visten o para ayudarlo a dormir. Es natural acariciar al bebé mientras se le habla o canta. Los efectos son bien conocidos por todas las mamás: los niños se relajan, se calma el berrinche o se logra el sueño.
“Hacer masajes con una técnica específica es un buen recurso al que pueden acudir las mamás, más allá de lo que ellas hacen a sus bebés de forma espontánea”, explica Mariana Villén, especialista en salud materno infantil, que enseña a padres la técnica Shantala. “Esta técnica nació en India, pero aquí se ha adaptado a la cultura occidental”, agrega.
Así, por medio de este aprendizaje se logra sistematizar lo que las madres hacen espontáneamente y se conocen las secuencias de masajes más adecuadas para el bebé.
Los beneficios se observan inmediatamente. Los bebés se relajan -es bueno para cuando están “pasados de revoluciones”-, evacuan cólicos y se fortalece su sistema inmunológico. Los masajes también ayudan a que se forme el esquema muscular. El importante estímulo que deriva del contacto con la madre, que durante la sesión puede cantarle o hablarle, se traduce en un fortalecimiento del vínculo.
La madre también puede obtener beneficios de hacerle masajes a su bebé. “Ella también descarga tensiones”, asegura la especialista. Es que el contacto con su hijo la ayuda a sentirse mejor y más relajada.
Los masajes están indicados en niños que tienen alguna necesidad especial. En los casos de niños con problemas visuales o ceguera, los masajes pueden fomentar una mayor conciencia del cuerpo y los niños con Síndrome de Down o parálisis cerebral, pueden obtener ventajas al mejorar su tono muscular. En casos como estos, los padres, al masajear a sus pequeños sienten que hacen algo concreto por su hijo y alivian su angustia o preocupación.
A los niños más grandes, los masajes los ayudan a sacar tensiones de todo el cuerpo.
Si se recurre a una instructora, en tres o cuatro sesiones se enseña un masaje corporal completo dividido en varias series. “La madre tiene que aprender el tono del masaje, -que no sea demasiado duro, sino firme y suave- y el ritmo, que es fundamental”, explica Villén.
Los masajes se pueden iniciar a partir del mes de nacimiento, una vez que se ha desprendido el cordón, y pueden continuarse hasta que los niños deseen. Si bien la mayoría de las que realizan masajes al bebé son madres, los padres también pueden aprender las técnicas y realizarlos. Los beneficios en este caso son que los padres se involucran más en el cuidado cotidiano del niño, están más atentos a las respuestas de sus hijos ante sus estímulos y adquieren mayor confianza en su cuidado.
El momento del día en que se pueden practicar varía de acuerdo a la conveniencia de los padres, la rutina del bebé y también su estado de ánimo: después de jugar, antes de dormir, después del baño o por la mañana.
Los efectos benéficos del masaje no son sólo a corto plazo, traducidos en mejorar el humor del bebé, calmar el llanto o lograr el sueño. Estas caricias inician una relación de comunicación no verbal que puede prolongarse en el futuro, incrementa la sensación de confianza y seguridad mutuas en la relación temprana entre los padres y el bebé, que se manifestará más tarde en padres más sensibles y atentos a las necesidades de sus hijos y en niños más seguros y confiados