En primer lugar hay que verificar que las necesidades del momento estén totalmente cubiertas. Es decir, hambre, frío o calor, sueño, sucio o mojado, incomodidad con la ropa, necesidad de sostén o contacto.
Para cada de las necesidades existe una solución concreta y simple: hay que ayudar al bebé a dormir, lavarlo, cambiarle de pañal, abrigarle si tiene frío, quitarle la ropa incómoda, darle de comer, cogerle en brazos y abrazarlo.
Cuando estas necesidades primarias del bebé están cubiertas y el pequeño sigue llorando, es imprescindible un chequeo médico para descartar que se encuentre bien.
El llanto del bebé es puente de comunicación con el adulto. A través del llanto el bebé nos comunica lo que le sucede. El problema está cuando no podemos interpretar que es lo que le está pasando y en muchas ocasiones no para de llorar. La causa de estas lágrimas es porque hay un llanto que pertenece al bebé y que los psicólogos denominan “la angustia inconcebible del recién nacido”. Esta angustia se debe a que, a diferencia de los demás seres vivos, los seres humanos no nacemos preparados para sobrevivir por nuestros propios medios. Otra causa de la angustia es que siendo tan chiquito, el bebé no encuentra sentido haber llegado al mundo. Por ello la madre debe preservárselo, enseñárselo y enseñarle todo el mundo externo así como el propio cuerpo. En poco tiempo el niño irá acostumbrándose a las cosas que lo rodean y a él mismo.
